Discernimiento politico en tiempo de crisis

Ciudad de Mexico. Universidad IBEROAmericana

En el siglo pasado un poeta aleman nos dejó estas lineas: “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de las judías, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales” (Bertolt Brecht)”.

Si sabemos leer entre líneas, tal vez hallemos la respuesta sobre todo lo que está sucediendo en estos tiempos… tal vez la crisis (esta y cualquiera) no deviene, en términos estrictos, de la forma en la que actúan los políticos, sino de nuestra dejadez con respecto a la política.

A partire de aquí yo quisiera descacar tres puntos: el porque de la crisis actual de la politica; 2. los principales cambios; algunans pistas para cambiar la politica.

Las crisis de las democracias liberales

Lo que vivimos hoy es el tiempo de los populistas. El populismo latinoamericano tiene una peculiaridad propia: en él se alían fuerzas políticas opuestas y clases sociales diversas para formar una alternativa de gobierno. Sin embargo las olas de los populismo que se rompen contra gobiernos y istituciones tienen en común una serie de características que representan una suerte de mínimo común denominador de los populismos.

1. Niegan el pluralismo y las minorías internas;

Los populistas perciben como una amenaza el principio constitucional que prevé y valoriza el papel de las minorías, ya sean institucionales o políticas. Mejor dicho: «El verdadero problema del populismo es que su negación de la diversidad equivale efectivamente a negar a algunos el estatus de ciertos ciudadanos como libres e iguales». Del mismo modo en que lo hacen con el principio pluralista, así consideran los populistas las libertades: no las niegan, tienden a exaltarlas en los discursos, pero a comprimirlas en los hechos. Nos referimos, por ejemplo, a las libertades sobre las que se funda la Unión Europea —de comercio, de capital, de servicios y de personas—, cada vez más comprimidas por los controles, bloqueadas por la construcción de muros, frenadas por el proteccionismo económico y cultural de muchos países, como EE.UU. y el Reino Unido, Hungría y Polonia, Austria y Turquía, y otros más.

2. Se veneran a los líderes como padres y dueños que aparecen en los medios como voces únicas;

Un segundo elemento común a los populismos es la comunicación, a menudo autorreferencial e instrumental. Nadia Urbinati habla a este respecto de una «representación directa»; el líder comunica a través de la caja de resonancia de las redes sociales o de los blogs personales mediante la utilización de formas expresivas simples: frases retóricas y breves, soluciones claras a problemas complejos, ataques directos a los adversarios. Este modelo comunicativo produce en el público un efecto particular: las investigaciones de corrupción política se creen verdaderas si implican a los exponentes políticos de las instituciones, mientras que se creen falsas o se ignoran si implican a exponentes de las fuerzas populistas. «¡Quieren detenerlos!», se lee o se oye exclamar a veces de parte de la opinión pública. Las noticias de los medios tradicionales son consideradas como la voz de la propaganda que legitima el poder. Después, cuando un líder populista pierde las elecciones, la interpretación más común es que «nos gobierna un parlamento deslegitimado».

Las incubadoras del consenso de los populistas son las redes sociales. El lenguaje utilizado es el de la posverdad: si una noticia es falsa, pero, aun así, es compartida por muchos, es acreditada como verdadera. Así, la política deja de ser fundamentalmente acción y pasa a ser sobre todo comunicación, que narra las gestas heroicas de un líder legitimado por «un plebiscitarismo sin plebiscitos». La voz del pueblo debe cantar al unísono: está llamada a expresar su placet, pero el que aparece en representación de todos debe ser el líder.

3. Se exalta el nacionalismo y el soberanismo para recostrir una identidat que no incluye sino escuye todas las diferencias.

4. La politica ignora los entes intermedios de la sociedad, como la iglesia, los sindicatos, las asociaciones.
La desintermediación: en su interior, con su estructura vertical, las fuerzas populistas rechazan la intermediación de quien representa a otros ciudadanos portadores de intereses sociales, como las asociaciones profesionales o los sindicatos. Mientras que las principales constituciones democráticas se fundan en la representación de entes intermedios que interactúan y median valores e intereses sociales con las instituciones —familia, asociaciones, oenegés, partidos, sindicatos, las diferentes Iglesias y confesiones religiosas—, los populistas quieren encontrarse de forma directa con los ciudadanos, ignorando a quienes los representan. María Velasco Ibarra, reelegido en Ecuador no menos de cinco veces: «Denme un balcón y seré presidente». Se trata del contacto directo con el pueblo y de la capacidad del líder de encontrarse con el pueblo, de escucharlo y de interpretarlo sin mediaciones.

5. En lugar de la democracia representativa se prefee la democracia directa con referéndum o votación on line …

6. forman la opinión pública a través de apelaciones, emociones y creencias personales;

7. en la categoría de popolo hay virtud y pureza, en las instituciones hay solo corrupción;

Los alumnos de Max Weber lo habían anticipado en sus escritos de los años cincuenta, subrayando que los populistas eran la expresión de ansias y de rabias de masas psicológicamente abandonadas y de los sectores más aislados de la sociedad. Para los populistas, las élites políticas pensantes son siempre y de todos modos corruptas: la virtud y la pureza residen solo en el pueblo.

8. Derecha e izquierda ya no tienen diferencia;

Peron nace a la derecha y acaba en la izquierda. El venezolano Hugo Chávez (1954-2013) nace a la izquierda, con todo el imaginario simbólico bonapartista y la representación del nuevo Simón Bolívar, el libertador de Venezuela.
Este tipo de nacional-populismo es una consecuencia de la política bolchevista-estalinista, que incluye elementos religiosos con un lenguaje sacro y apocalíptico y el culto al jefe, que sigue vivo en sus sucesores, incluso después de la muerte. En general, todos los populismos se colocan entre el modelo ruso y el estadounidense. En Rusia —donde nació y recibió el nombre—, el populismo surgió para plasmar al pueblo según el principio de la igualdad política a fin de eliminar las clases sociales. Estamos a mediados del siglo XIX, en los tiempos en que era zar Alejandro II (1855-1881), cuando el político ruso Aleksander Herzen, exiliado en Inglaterra, influía con sus escritos en los estudiantes revolucionarios rusos. El modelo estadounidense nació también por un impulso igualitarista; fue en Cincinnati, con el Partido del Pueblo, formado en 1892 para dar voz a los campesinos y propietarios de tierras aliados contra el sistema bancario y financiero

9. Proponen soluciones demasiado simplificada a problemas complejos;

10. Estan sobre la ley y los derechos.

Las fuerzas populistas tienden a ignorar uno de los principios clásicos del derecho: sub lege libertas. Existe el peligro de que el líder, con sus propias reglas, esté por encima de la ley y de que las constituciones se consideren leyes modificables sobre la base de un programa populista. El instrumento que los populista prefieren es el referéndum, en el que la participación se entiende en el sentido de limitarse a aprobar o a rechazar una decisión ya tomada por el líder. Además, es típico de la cultura populista impulsar al pueblo a formas de democracia directa que se reducen a la elección binaria y seca entre el «sí» y el «no». ¿Qué sucedería si se congelaran los poderes de un Parlamento y se llevara a la población a decidir directamente sobre temas sensibles ligados a la bioética, a las vacunas, al fin de la vida, a los impuestos, a la escuela, etc., o sea, a temas que requieren mediación política? Bastarían pocos poderes fuertes y algún eslogan para condicionar el voto.

Los populistas en la historian nacen y crecen cuando los que gobiernan de rapresentantes del pueblo se convierton en aristócratas.

La politica delante de la crisis de los principios constitucionales

La crisis actual de la política no se debe solo a la inercia o a la incapacidad de gestionar la complejidad de los temas en agenda, sino a la desorientación causado por un nuevo modelo cultural que está reemplazando  al viejo. Lo que se está desestructurando es el fundamento y la finalidad del actuar político. La “mesa de los valores” que la conciencia de una sociedad discierne y el Estado democrático reconoce ya no es universalmente condivisa.
Los macro-temas en los que se halla encallada la política, revelando su radical impotencia y fragilidad, son por lo menos cinco.

Un primer tema está relacionado a las cuestiones inherentes el comienzo de la vida humana. A nivel cultural, falta claridad sobre la manera de regular la experiencia de la genitorialidad, mientras que las técnicas de reproducción artificial parecen vincular la procreación al deseo subjetivo y no ya a la biología o al sexo de los padres. Una parte de la cultura hasta quisiera incluir entre los derechos humanos la decisión de abortar, como derecho de disponer de la propia libertad y decidir de la vida de otros.

Un segundo tema es la dificultad de la política de definir los entornos socio-culturales de la identidad sexual. No es casualidad que Facebook presenta alrededor de 35 opciones distintas de identidad sexual entre las que hay que elegir la tuya. Lo que en la historia era un dato adquirido, hoy parece desvinculado de la constitución biológica de la persona: el dato, según algunos, depende de una construcción  cultural, que incluye, cada vez más, los derechos reclamados  y pretendidos por el singolo sujeto. He allí la tesis que se va propagando: machos y hembras se nace, hombres y mujeres se viene a ser. En Australia el mundo político se ha visto impotente y asombrado delante de un video hecho por un chico de veinte años que se ha transformado cambiando rostro, haciéndose mujer.

Un tercer tema es lo del final de la vida: ¿la muerte es un proceso que el hombre debe esperar en cuanto inevitablemente, estructuralmente vinculado a su constitución antropológica o es un derecho para ejercer? ¿Se pueden reconocer como derechos la muerte y la facultad de decidir cómo y cuándo poner fin a la existencia humana? La política bascula entre el derecho a la autodeterminación  del singolo y la responsabilidad de reconocer los casos en que la vida biológica no se califica más como existencia humana.

Estos primeros tres puntos son el reflejo de los tres límites antropológicos del ser humano (nacimiento, sexualidad y muerte) que la cultura consideraba “limitaciones imposibles” por superar, y que ahora la posibilidad de manipularlas ha llegado a poner en cuestión los fines y el método de la política misma.

Un cuarto tema son los desarrollos del mundo biomédico y la comparsa en el mercado de sustancias que ya no están pensadas para curar enfermedades, sino para mejorar y potenciar las facultades cognitivas del hombre. La idea de poder crear unos hombres mejores que otros, utilizando fármacos precisos, riesga de poner en crisis el principio de Igualdad (es decir: de oportunidad) que fundamenta la idea misma de nuestras democracias.

¿Puede la política permitir que unos (pocos) ciudadanos sean mejores y más “performantes”, gracias a sus condiciones económicas?

Un quinto temas atañe el espacio  supranacional en que la política sufre decisiones tomada en otras partes. ¿Que quiere decir que, en nuestro Occidente tecnológico, Apple vale más que la Grecia? ¿Que significa por la política el hecho de que  el valor de una empresa símbolo del desarrollo occidental es superior al valor de un país donde la cultura occidental ha nacido?

Si la grande tradición del pasado, empezando por Sócrates, invitaba  a “conocerse a sí mismo”, ahora, el nuevo Sócrates pide conocer los propios datos, es decir, lo que las herramientas  digitales transforman de nosotros en datos, como los latidos del corazón, la presión arterial, los gustos y las preferencias, y así a seguir.

Son estos los datos elaborados por los algoritmos que perfilan identidades y costumbres. Podemos preguntarnos con Y. N. Harari: ¿para la política “los organismos son de verdad solo algoritmos, y la vida es de verdad solo elaboracion de datos”?, “¿que es más importante: la inteligencia o la conciencia?”, “¿Que pasará a la sociedad, a la política y a la vida de cada dia cuando algoritmos sin conciencia pero dotados de gran inteligencia nos conocerán mejor de cuanto nosotros nos conocemos a nosotros mismos?”

Condiciones que fundan las democracias

Algunos elementos del discernimiento político de naturaleza procedural nos los ofrece Norberto Bobbio cuando se pregunta por las condiciones que deben fundar la democracia para que no fracasen las reformas. Según el filósofo del derecho hace falta remediar a seis obstáculos  que hacen incumplida a la democracia.

1)El individuo soberano desplazado de su centralidad por la sociedad pluralista: “los protagonistas han venido a ser los grupos, las asociaciones, las grandes organizaciones, los sindicatos y los partidos, y cada vez menos los individuos”;
2) la revancha de los intereses de parte sobre aquellos políticos;
3) la persistencia de las oligarquías;
4) el espacio limitado de la participación política;
5)el poder invisible, que Bobbio define “cripto-gobierno”, constituido por “la presencia de fuerzas políticas subversivas  que actúan en la sombra y llevan contactos con los agentes secretos”;
6)  el ciudadano no educado, víctima de la apatía política, del desinterés, y responsable del voto de cambio y del abstencionismo.

Estos aspectos tocan también la democracia en red, en la que se intenta proponer o combatir un medio, un instrumento, y no la finalidad o los efectos que son los productos de las políticas. Llevar otra vez el debate público a tratar del “qué” y del “porqué”, nos permitiría también hallar el cómo.  Por eso aquí nos movemos más allá, para comprender las raíces morales y antropológicas que podrían nutrir las reformas y cosa concretamente proponer para acelerar el debate y la aprobación política.

La cualidad de la politica esta en una pregunta…

El tema del prójimo y de sus necesidades- la finalidad de la misión política- ha vuelto a ser objeto de reflexión para muchos autorevoles hombres de cultura. Algunos intelectuales piensan que la cultura occidental, más allá de la muerte de Dios- declarada por la revolución francesa y por Nietzsche-, hoy debe elaborar un nuevo luto: aquello de la muerte del prójimo, la persona cercana que se ve, se siente, se toca.

Si la cultura politica de nustros dias nutre la idea que el prójimo tiene que permanecer lejos, las condiciones para discernir se complican. En muchas partes van saliendo cada vez más y de una forma gradual, símbolos nazi y sentimientos de intolerancias profunda que, como pequeñas chispas, podrían dar fuego y destruir todo lo  bueno ha sido construido después de la segunda guerra mundial.

El distinto es percibido como un peligro, y eso acontece cuando en el espacio público desaparecen los rostros y ya no queda tiempo para encontrarse y escuchar las historias personales y políticas de los países de procedencia.

La cercania, a nivel social, es advertida como un peligro, mientras que la lejanía se la considera como una (pseudo) salvación. Si en el pasado encontrar de cerca un extranjero era una riqueza, hoy eso se ha transformado en una sorta de amenaza.

Esa dinámica de alejamiento se refleja también en el espacio vital de la interioridad, que el hombre contemporáneo habita cada vez menos, a causa de los ritmos de la vida y de las tareas . Es de allí que crecen en él la confianza y el miedo.

La experiencia del buen samaritano es la del hombre que se hace “político” para los demás, cuando se para para ayudar al prójimo, al hombre despojado y aplastado, abandonado medio muerto al margen de la calle. El evangelista Lucas, en el capítulo 10, describe aquel que se hace prójimo en el espacio a través de diez verbos precisos: “le vió”, “se movió a piedad”, “se acercó”, “bajó”, “virtió”, “bendó”, “cargó”, “le llevó”, “hubo cuidado”, “pagó”; hasta el undécimo verbo: “a mi regreso saldaré la cuenta”.

Esto parece ser un programa político válido para todos aquellos hombres de buena voluntad llamados a administrar la cosa pública. Según la Escritura, el prójimo es una persona con su historia personal y una necesidad específica. Esa dimensión quiebra el encantamiento de los estereotipos  y de las categorías de los distintos, como los pobres, los enfermos, los inmigrados, etc. El buen samaritano se para, porqué siente compasión: es la apelación de su yo a un “tú” que necesita ser curato, su propia herida es sanada, sanando la herida del otro. La acción política es movida o por la compasión o por el miedo, tertium non datur.

La acción buena, en política, no se mide sobre los programas teóricos, sino sobre la necesidad de las personas, gracias a un “movimiento mediante el cual un sujeto se acerca y entra en contacto con otro sujeto, de una forma que le ayuda y le salva”. Por eso la página del evangelio de Lucas acaba operando una inversión radical,  para el lector, la pregunta inicial: desde “¿quien es mi prójimo?” a “¿quien se ha hecho prójimo?”.

Como Ustedes saben discernir significa filtrar, distinguir las voces del corazón para tomar decisiones libres, responsables y conscientes. Como tenemos una conciancia personal tambien la vida politica tiene una conciencia social que funciona con las  misma reglas del dicirnimiento personal.

Cuando haciendo politica nostros actuamos en el campo del mal, el nos da lo que le pedimos, dinero, fama, poder, fuerza… pero a un cierto punto el te usa y luego te acusa. Una cosa no sabe hacer el mal: no sabe amar. Y nosotros sentimos remordimientos… frente a esta encrucijada hay dos posibilidades. Vivir la politica como esclavidud… vivir la politica como la Iglasia nos pide, como la forma más grande de caridad. El bien en cambio cuesta cumplirlo porché hay que elegir de hacerlo, pero dona paz y libertad. Hoy lo que estamos viviendo es politico, nuestro testimonio de fe es politico… cada vez que dos personas hacen algo por los demas es politico.

La politica esta afligida por siete grandes males

Estos males  humillan la dignidad de las personas: inversiones sin proyectualidad; mercado si responsabilidad; tenor de vida sin sobriedad;  eficiencia técnica sin conciencia (princípios); política sin sociedad; privilegios sin redistribución; desarrollo sin trabajo. Pero también es cierto que el cambio posible pide que se sustituyan  los “sin” con otros respectivos “con” a través de una mutación cultural y una actuación de muchas decisiones concretas que muestren que las personas valen más que cualquier otro provecho.

«Derecha», «izquierda» y las nuevas pertenencias  de la política. La transformación de la «derecha» y de la «izquierda»

La evolución histórica de estas categorías nos permite reconstruir su mínimo común denominador: la «derecha» política se  caracteriza por los valores de la libertad y del mérito, la evocación a la tradición y a la jerarquía, la promoción del autodeterminación individual y la propiedad privada, la justificación de las desigualdades de cetus, de cultura, de renta. La aristocracia se reconocía en la derecha  por el prestigio y por una idea sacral de política; las clases medias altas-burguesas, al revés, han fundado la derecha  sobre el orden, el rigor y la justicia.

La «izquierda» se ha ido caracterizando en la historia por la emancipación de las masas y los valores de la igualdad y de la solidaridad entre las clases sociales, por la promoción de los derechos individuales y las reformas sociales, por el deseo de promover la dignidad y «hacer más iguales a los desiguales», como afirma Norberto Bobbio.

Las principales antinomias que en la historia han distinguido «derecha» e «izquierda»se pueden resumir en estos términos: libertad e igualdad, pensamiento liberal y aspiraciones sociales, valor de las autonomías y papel del estado, espíritu conservador y fuerza progresista, tradición e innovación, pasado y futuro, privado y público, capital y trabajo, naturaleza e historia, jerarquía e igualdad, autoridad y libertad.

Venimos a nuestros días. los caracteres descritos representan una tendencia más abstracta que real, lo afirman numerosos politólogos e importantes hombres políticos como el ex-premier laborista Tony Blair: «las diferencias entre la derecha y la izquierda ya no existen. El siglo XXI es una era nueva, de grandes cambios, y  pide una  nueva política, derecha e izquierda son conceptos viejos, la diferencia está en la apertura o en el encierro a la globalización».

El  escenario político actual impone de utilizar los términos «derecha» e «izquierda» con mucha prudencia. Para millones de personas la pertenencia a la una o a la otra parte significaba creer en un valor identitario, una sorta de credo político, un proyecto por realizar, un reconocimiento mutuo, aún sin conocerse personalmente,  a través de una cultura política. Quería decir llevar adelante los  ideales transmitidos por los abuelos  y por los padres, y elegir  «por fé » de pertenecer a este o a aquel grupo.

Es la distinción entre demos y cratos, entre pueblo (soberano) y gobierno, entes intermedios incluidos. Cada pertenencia política luego expresa en su interior dos maneras de  «estar en el mundo» (político); para Hobbes significaba construir una reja para defenderse de la amenaza del otro, para Aristóteles al revés el tentativo de salir  y encontrarse en la plaza pública llevado a cabo por  seres distintos.

El «centrísmo» político

Se califica por el gradualismo de las  reformas, de la moderación de los lenguajes y de los  comportamientos y por la cultura della mediación, finalizada a buscar puntos de equilibrio válidos para todas las partes. Finalmente una cultura política interclasista que reduce las desigualdades entre las clases sociales.

Del populismo al popolarismo

La posibilidad de un «centro» político nace de una intuición de don Luigi Sturzo: «Para nosotros el centrismo es lo mismo que el popolarismo, en cuanto nuestro programa es un programa temblado y no extremo: -somos democráticos,pero excluimos las exageraciones de los demagogos ; -queremos la libertad, pero no cedemos ante  la tentación de querer la licencia -admitimos la autoridad estatal, pero rechazamos la dictadura ,aún fuera en nombre de la nación; respetamos la propiedad privada,más proclamamos su función social; – queremos ver respetados y desarrollados todos los factores de la vida nacional, pero negamos el imperialismo nacionalista; y a seguir, del primero al último punto de nuestro programa cada afirmación nunca es absoluta, sino relativa, no tiene su fin en sí misma sino que está condicionada, no llega a los extremos sino que guarda la vía del centro».

«Mis referencias – recordaba Sturzo –han sido cuatro:libertad democrática,moralización de la vida pública , reforma de la estructura estatal de  tipo autonomista y civil, recuperación de la economía nacional,en especial modo, en el mediodía».

Eso es lo que  don Sturzo nos deja en herencia, el Decálogo del buen político

  1. La primera regla del arte de la política es ser sincero y honesto. Promete poco y realiza lo que has prometido. Es una creencia común que la mentira es obligatoria en política. No es así: además de ser de naturaleza inmoral, es siempre más dañina que útil.
  2. Ser veraz no impone revelar secretos o realizar afirmaciones inoportunas. El silencio es de oro, especialmente en política: hoy se habla demasiado, empleando verdades, verdades a medias, verdades aparentes, fingimientos y mentiras. El arte de la política educa en decir lo necesario, callar lo que no debe ser revelado y evitar la mentira.
  3. Aquel que está demasiado prendido al dinero, no debe dedicarse a la política ni aspirar a cargos en el gobierno. El amor por el dinero lo conducirá a faltar gravemente a sus propios deberes.
  4. Rechaza, desde el mismo momento en que llegues al poder, cualquier propuesta que tienda a la inobservancia de la ley por una presunta ventaja política. La infracción de esa ley cometida con otros, por ejemplo, colegas y/o subordinados, se transformará en una cadena de la cual no te podrás liberar: a esa primera falta le seguirán, indefectiblemente, otras.
  5. No te rodees de aduladores. La adulación hace mal al alma, excita la vanidad y altera la visión de la realidad.
  6. No te creas indispensable, porque a partir de ese momento cometerás muchos errores. Si esto te lo dicen los demás, cuídate de ellos como de enemigos: te desviarán del camino correcto.
  7. Es más fácil desde el NO llegar al Sí, que desde el Sí tener que retroceder al NO. Frecuentemente el NO es más útil que el Sí. Un sabio consejo indica no comprometerse sin haber reflexionado a tiempo y haberse formado el convencimiento de poder mantener la palabra empeñada.
  8. Es una buena costumbre, en política, dedicar atención a las pequeñas, honestas exigencias del ciudadano individual, como si se tratase de asuntos importantes. La paciencia del político debe imitar la paciencia que Dios tiene con los hombres. No desesperes jamás.
  9. Trata de convertir, si te es posible, a tus colaboradores en el Gobierno en amigos, nunca en favoritos. El amigo que pide demasiado, debe ser mantenido a distancia. Los favores que los amigos podrán obtener de ti, deben ser honestos, en el marco de la legalidad, y no deben generar resentimientos justificados.
  10. Es una buena costumbre, también para el político, hacer cada noche un examen de conciencia, así como es útil formular, cada mañana, buenos propósitos. Si a pesar de ello la noche te encuentra con las manos vacías, sin haber logrado los buenos propósitos de la mañana, piensa que esto le sucede a la mayoría, y sirve para que sigas siendo humilde, aunque la gloria humana aletee alrededor de tu pequeña cabeza.Esta no es nostalgia del pasado, porqué «fidelidad a la historia – escribía  G. Mahler – significa cuidar que permanezca despierto el fuego, y no adorar a las cenizas»; es esta una tradición viviente fundada  en la formación pública de las  conciencias  por un horizonte político y humano común en el espacio público.

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